Plantas en las ciudades

Las plantas en las ciudades, no solamente sirven de adorno para que los ciudadanos las disfruten por su belleza y la sensación confortable que producen en las personas;   he leído en muchas ocasiones exposiciones de ilustradas personas y de arquitectos paisajistas que, a pesar de su vasta cultura y sus amplios conocimientos, ignoran algo fundamental en relación a los jardines y áreas paisajísticas; me topo frecuentemente con expresiones como la siguiente: ‘Las áreas verdes contribuyen a embellecer el ambiente y a refrescar el paisaje áspero que refleja el cemento’.

Todo esto está muy bien, pero  a  esta  opinión  le falta decir lo más importante sobre las áreas verdes de las ciudades.   La razón primordial de reforestar los parques, avenidas y demás desarrollos urbanos es la salud de los habitantes de dichas ciudades,  ya que  las plantas son filtros naturales contra la contaminación ambiental.    Los gases contaminantes que el ser humano desaloja en el ambiente, causan afecciones serias a las personas y sin la presencia de árboles y plantas en las ciudades, el ciudadano que en ellas reside está condenado a morir de su propia contaminación.  Las plantas y los árboles, no son necesarios,  son imprescindibles para la supervivencia de la vida.

Solemos decir que las plantas desalojan oxígeno y por eso son importantes;  ese conocimiento se ha quedado corto con los nuevos descubrimientos científicos sobre la fisiología de las plantas.  Mediante el proceso físico químico conocido como fotosíntesis, las plantas descomponen los gases del aire y desalojan los elementos que no necesitan;  estos elementos los desalojan en su forma natural y no en compuestos contaminantes como fueron obtenidos originalmente;  de esta manera,   las plantas resultan ser los filtros más efectivos contra la contaminación del aire.   En interiores, igualmente, las plantas purifican el aire, manteniendo descontaminado el ambiente de las oficinas y  residencias, evitando las enfermedades respiratorias causadas por la contaminación del aire de interiores.

La Agencia de Aeronáutica y del Espacio, (NASA, por sus siglas en inglés),  ha realizado estudios para encontrar cómo el ser humano podría sobrevivir en el espacio interplanetario durante viajes espaciales de varios años de duración.    Descubrieron que las plantas renuevan y purifican el aire constantemente.  Definitivamente, en un lugar hermético cerrado, el hombre, por su propia respiración llegaría a contaminar totalmente el aire y moriría por la falta de oxígeno.  Si en ése entorno tuviera plantas, podría respirar eternamente sin problemas;  las plantas se encargarían de renovar el aire y garantizarían, de esta forma la vida del ser humano.  Lo mismo ocurre en el planeta Tierra;  es una nave espacial gigantesca y los bosques y las selvas son los filtros que permiten que el ser humano pueda respirar, a pesar de su propia contaminación.

Mantener una política de conservación de la vegetación en nuestras ciudades, campos, playas, selvas y bosques, no es un asunto que nos compete solamente a los ciudadanos del territorio donde vivimos;  el aire no tiene fronteras,  la contaminación del aire en cualquier país, afecta el planeta entero y por tanto le atañe a todos los habitantes del mismo.     Los gobiernos que permiten deforestaciones en sus territorios, están decidiendo por la humanidad y no solamente por sus ciudadanos.  Conservar la vegetación de la selva del Amazonas no es un asunto del gobierno de Brasil,  es un asunto del mundo.  La selva del Darien no le compete a la ANAM, (Institución del gobierno panameño), sino a toda la humanidad.  Destruir manglares en cualquier sitio del mundo, acabar con arrecifes coralinos, afectar la población de algas marinas o convertir bosques en potreros no  son asuntos que los gobiernos puedan decidir sin considerar, no solamente a sus ciudadanos, sino al resto de los habitantes del planeta.

Así mismo como no existen fronteras del aire,  no se puede aislar la contaminación a un solo país o territorio.  Las leyes y normas para controlar la contaminación del aire, deben ser universales de forzoso cumplimiento por todos los habitantes del planeta.    (Por ej. El humo nocivo de las fábricas de China, viaja hasta California causando  un aire contaminado sobre las ciudades del oeste norteamericano).  La contaminación viaja sin controles aduaneros

¡Nadie puede pasar por encima de mis derechos como ciudadano del mundo!  Tenemos mucho que hacer para lograr un consenso de leyes universales que todos los habitantes del planeta respeten.  Quien sabe qué cantidad de aire contaminado en otros países habrá pasado por nuestras fronteras enfermando nuestra población, cuántos árboles se han derribado de nuestros bosques, cuantos manglares, arrecifes coralinos y cuántas toneladas de algas marinas habremos destruido antes que la humanidad logre unificarse en una sola legislación que la salve de su autodestrucción.